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En esta colaboración el expreso político vasco de Sopela, Juan Carbajal, hace una reflexión íntima sobre el necesario reconocimiento del dolor que mutuamente han sufrido las partes enfrentadas en el conflicto político que todavía hoy está en vías de superación. Una visión particular y sincerada que persigue posibilitar el reconocimeinto del dolor mutuo como paso imprescindible para un nuevo tiempo en el que el respeto y la libertad para el desarrollo de los diferentes proyectos políticos nos instale en un nuevo escenario de verdadera paz y libertad.
Este es el artículo de este expreso Sopeloztarra que llega en un momento muy importante en la historia de Euskal Herria. Reconociendo el dolor, mirando al futuro Es indudable que el dolor es individual e intransferible y que cada uno tenemos nuestra particular forma de sentir y entender el dolor, pero existe la empatía mediante la cual nos podemos poner, si nuestros prejuicios nos lo permiten, en la piel del otro. Sentir el dolor de la otra persona no es otra cosa que el reflejo de la solidaridad, hacia las personas, hacia los pueblos, etc. Esa solidaridad, que la mayoría de las veces es invisible para quienes nos rodean porque no la traducimos en acción, esa solidaridad o esa sensación, nos recorre el cerebro como un rayo cada vez que nos levantamos de la cama para afrontar un nuevo día y miramos a nuestro alrededor. Quizás hoy estemos más sensibles hacia los parados, otro día lo estamos hacia las mujeres maltratadas, otro de un pueblo determinado, pero siempre lo estamos de los que no están con nosotros, de los que se nos han quedado en el camino, el dolor de la ama, el dolor de los hermanos, el dolor de los hijos, el dolor de los amigos, el dolor de los compañeros, el dolor por todas las pérdidas sufridas , ese dolor que nos acompaña y con el que incluso algunas veces hablamos… Sentir ese dolor también es, a mi entender, sentir solidaridad por los que sienten ese mismo dolor, porque el dolor no tiene ni color, ni forma, ni ideología, el dolor es dolor. Ser conscientes de ese sentimiento por los que sufren nos da, algunas veces, la medida de nuestra solidaridad. No todo el mundo es capaz de ver el dolor de la otra persona, no es fácil, algunas veces el propio dolor nos ciega, o nuestros propios miedos y no somos capaces de percibir que junto a nosotros hay personas que también sienten el mismo dolor, personas que ríen y lloran como yo cuando se acuerdan de su seres queridos o de sus compañeros que ya no están junto a ellos. |